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Este texto es una reflexión acerca de la práctica consciente del espacio público. Al intervenir un espacio se deben tomar decisiones que verdaderamente tengan en cuenta las necesidades específicas de una población. Se debe comenzar por observarla, no desde el exterior, sino desde el interior mismo, experimentar el espacio con los sentidos, formar parte de la dinámica y adaptarse al ritmo de vida de una colonia, de una calle, de una casa, de sus habitantes. La adaptación del actor social a un contexto específico tendría como consecuencia la integración, además abre las posibilidades de transformar un espacio desde su origen, desde la visión de su usuario inmediato, que no es otro más que el habitante del lugar.

La intervención de un sitio no debe limitarse a un reglamento, normativa o mandato, se deben buscar relaciones de armonía para poder transformar el espacio de manera coherente, aceptar las normas básicas de convivencia pero también seguir aquellas que promuevan el intercambio, los espacios de encuentro y la diversidad de soluciones que mejoren la calidad del conjunto. La experiencia del usuario, el análisis de las dinámicas del lugar y la puesta en práctica de proyectos piloto son factores clave para el desarrollo de espacios públicos conectados con la comunidad.

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